noviembre 09, 2011

PREHISTORIA DE LA CIENCIA FICCIÓN COLOMBIANA


¡HE AQUÍ EL FUTURO!
MIÉRCOLES 23 DE NOVIEMBRE 7.PM 
LANZAMIENTO COLECCIÓN LAGUNA FANTÁSTICA 
LA MADRIGUERA DEL CONEJO KR 11 No 85-52 

Con el lanzamiento de una colección fantástica, Laguna libros realiza una de las apuestas editoriales más interesantes en el panorama literario colombiano actual. La idea, parece venir dictada de las experiencias que tuvieron viajeros del pasado a nuestra época. 
Hace no mucho tiempo, se dio a conocer por distintos medios el caso de un grupo de jóvenes que desde su taller en Bogotá apostaban por un proyecto de edición para libros de artista: una propuesta entre el diseño gráfico y el arte conceptual. Los constantes y cada día más visibles debates sobre el futuro del libro, hicieron que alguien -que depositaba su confianza y deseo en la permanencia de este- viera en esa labor una cualidad insuperable por los avances tecnológicos.
El argumento ha cobrado cada vez más validez, al punto que podemos comprobar que no solamente los artistas han vuelto a fijarse en las cualidades físicas del libro impreso, sino que se ha dejado de hablar de grandes editoriales para pasar a grandes editores, quienes han sabido agregar el rotulo de lo “bellamente editado” a sus colecciones. Pero entonces, surgen ciertas preguntas. Un libro impreso en un hermoso papel, encuadernado perfectamente por unas manos artesanas, exhibido por una imagen cuidadosamente seleccionada para la tapa ¿Cumple la misma función del libro ordinario?, estos libros ¿Son para ver, o para leer? ¿Sobrevivirán solamente los libros que físicamente cumplan ciertas condiciones de calidad física, sin importar su calidad literaria?  
Como si quisieran encarnar la paradoja de la ciencia ficción, y pareciera, movidos por estas mismas inquietudes, aquel grupo de jóvenes editores y diseñadores que conforman Laguna Libros, decidieron publicar una colección de literatura, que ellos llaman Fantástica y que no es otra cosa que nuestra única herencia de la literatura de Ciencia Ficción colombiana.
Tres libros, tres novelas pertenecientes a un mismo periodo, de tres autores de la misma zona geográfica, pioneros de un género, parecen corresponderse perfectamente para un proyecto muy coherente y sin embargo encierran una contrariedad. Esta colección no tienen nada que ver con lo que hasta ahora había hecho Laguna Libros. 

 
Después de cinco años de trabajo y de conseguir grandes logros, como haberse ganado un lugar en el Photobook Latinoamericano con una de sus más conocidas publicaciones, el “Archivo por Contacto”, cualquiera pensaría que habían encontrado la vía hacia lo que parecía el futuro para el libro: el libro-objeto. Decidirse por el hacer tradicional, por demás, eligiendo el pasado como agente de respaldo, es a todas luces una extraña manera de afirmar algo que todos hemos sabido: los libros deberían, principalmente, estar hechos con palabras.
La apuesta que hace ahora Felipe González, encabezando el equipo editorial de la colección Laguna Fantástica, va más allá de tener un acierto comercial.  Si nos preguntamos quién compone el canon literario, quién evalúa las obras en la historiográfica de la literatura nacional, quién en este ambiente de transiciones entre lo analógico y lo digital se preocupa por lo duradero, descubriremos un merito muy especial en el esfuerzo de brindar al público una colección compuesta por obras literarias que se habían convertido en simples documentos de interés. 
 

La velocidad con la que se publican libros, la misma con la que se recomiendan, es abrumadora. Hoy en día, en el medio del consumo cultural, es una anomalía que un lector esté en la capacidad de brindar segundas oportunidades. Y muy a pesar de esto, Laguna Libros ha decidido sumarse a ese grupo cada día más grande de editores, que realizan rescates de autores y obras del pasado, quizá porque en este ejercicio se encuentran voces que no han perdido su potencia y poder de revelación.
La elección sin embargo es arriesgada, en las décadas de los años 20 y 30 surgieron en el caribe colombiano tres obras emparentadas por el género de lo fantástico. En ellas se habla de viajes en zepelines a Marte, de un desastre ocurrido en el siglo XXII donde Barranquilla es una de las ciudades más importantes del mundo, del mensaje de unos sabios que escapan a la muerte gracias a un vuelo interespacial; todas historias descabelladas, con personajes locales, en las que toda la configuración del mundo se ve transformada pero los valores humanos siguen intactos. Novelas plagadas de objetos futuristas que ya conocemos, de invenciones apegadas a los desarrollos científicos de aquella época, que trasladados al presente resultan risibles, de acciones con impacto universal donde el país por fin participa de la Historia. En conclusión: unas verdaderas novelas de Ciencia Ficción.
He aquí en estas tres novelas de la colección Laguna Fantástica, la mirada en la que nos vemos reflejados. Sumérjase el lector en el mundo configurado hace casi ochenta años. Compare el mundo que proyectaron para nosotros unos autores -por demás exóticos para el medio cultural de la época- y el mundo en el que vivimos. Pensemos si acaso hoy podríamos arriesgar alguna hipótesis sobre lo que ocurrirá en cien años ó si por lo menos habrá aventuras como las que viven los personajes de estas novelas. Mientras el tiempo se desplaza hacia un futuro impredecible, podemos examinar nuestro presente con uno de estos libros en mano. Posiblemente ni Fuenmayor, ni Osorio Lizarazo y menos el Dr M. F. Sliger estén a la altura de las obras de H.G. Wells. La crítica en su época no fue nada amigable con estas obras. Perduraron porque gustaron a jóvenes, porque son otro más de los restos de una historia nacional. Pero ¿Quién necesita altura literaria cuando las obras se miden en distancias interestelares?, cómo restringirse al placer que da leer las ocurrencias de autores forzando al máximo su capacidad imaginativa. Cómo evitar sentirse atraído además por ese otro fenómeno irracional de ir a publicar libros. Libros hechos para el disfrute de sus lectores.
Esperemos que la esperanza puesta en nosotros que expresó uno de los críticos del año 1936 sobre la obra Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrán lugar el año 2009, pueda verse satisfecha, y si no, aplacémosla a la vida que habite la tierra en unos siglos, por lo menos quedará la huella de Laguna Libros como aquellos que se dieron cuenta que no es el formato lo que determina el futuro del libro -la continuidad de las historias,- sino la reactivación del olvidado gusto y placer por la lectura.